¿Quiénes somos y que creemos?
Creemos y confesamos una fe ortodoxa, empezando por los credos históricos, específicamente el Credo de los Apóstoles, el Credo de Nicea y el Credo de Atanasio.
Las Escrituras son nuestra unica regla de Fe y Conducta. Creemos en la suficiencia absoluta de las Escrituras, y que estas son la Palabra infalible e inerrante de Dios
Quien quiera ser salvo necesita ante todo sostener la fe católica. A menos que guarde esta fe íntegra y pura, perecerá eternamente sin lugar a dudas.
Y la fe católica es esta: Que adoramos a un solo Dios en trinidad, trinidad en unidad, sin confundir a las Personas ni dividir la sustancia.
Porque una sola es la Persona del Padre, otra la del Hijo, y otra la del Espíritu Santo; pero la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es toda una, igual la gloria, coeternal la majestad. Como es el Padre, así es también el Hijo, así es también el Espíritu Santo. Increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espiritu Santo. Incomprensible es el Padre, incomprensible el Hijo, incomprensible el Espíritu Santo. Eterno es el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo; pero no son Tres eternos, sino Un solo eterno.
Tampoco son Tres incomprensibles ni Tres increados, sino Un solo increado, Un solo incomprensible. Asimismo, el Padre es Todopoderoso, el Hijo es Todopoderoso, el Espíritu Santo es Todopoderoso; sin embargo, no son Tres Todopoderosos, sino Un solo Todopoderoso. Así también, el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espiritu Santo es Señor; sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor.
Porque, así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas es de por Sí Dios y Señor, también la religión católica nos prohíbe decir que hay tres Dioses o tres Señores.
El Padre no es hecho de nadie, ni creado, ni engendrado. El Hijo es solo del Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente.
Hay, pues, un solo Padre, no tres Padres; un solo Hijo, no tres Hijos; un solo Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.
Y, en esta Trinidad, Ninguno es antes ni después del Otro, y Ninguno es mayor ni menor que el Otro, sino que las tres Personas en Su totalidad son coeternas y coiguales. De manera que —como se dijo anteriormente— se debe adorar en todo a la Unidad en trinidad, y a la Trinidad en unidad.
Por lo tanto, el que quiera ser salvo debe pensar así de la
Trinidad.
Además, para la vida eterna es necesario que también crea correctamente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.
Porque la fe verdadera es que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es Dios y Hombre; Dios, de la sustancia del Padre, engendrado desde antes de los
siglos; y Hombre, de la sustancia de Su madre, nacido en el tiempo; perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de un alma racional y carne humana; igual al Padre tocante a Su divinidad, inferior al Padre tocante a Su humanidad; Quien, aunque sea Dios y Hombre, aun así, no es dos, sino un solo Cristo; uno solo, no por conversión de la Divinidad en carne,
sino porque la humanidad fue asumida por Dios; totalmente uno solo, no por confusión de sustancia, sino por unidad de Persona. Porque así como el alma racional y la carne es un solo
hombre, también Dios y Hombre es un solo Cristo, Quien padeció para nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos, ascendió a los cielos,
está sentado a la diestra de Dios el Padre Todopoderoso, de donde vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos. En Cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán
cuenta de sus propias obras. Entonces los que hicieron lo bueno irán a la vida eterna, y los que practicaron lo malo, al fuego eterno.
Esta es la fe católica […] que todos debieran creer fielmente.


